Golpes

Dejar que la pena se la trague el desagüe de la ducha, como aquellos golpes de la vida que no sabemos encajar y desaparecen de nuestra memoria. Algunos lo llamarían huir, seguramente es hacerse el loco. Porque no hay nada peor que te den un puñetazo en toda la cara y que no sea físicamente. Que ese dolor se cuela por todas las grietas de un cuerpo lleno de arañazos que nunca curan y contamina todo lo demás. Todo lo bueno se tiñe de negro y las esperanzas deciden echarse a correr para que nadie las pueda alcanzar. Que es mejor volverse cínica, a tener que aguantar las tonterías de algún manido corazón.

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